Thursday, April 24, 2014

Ejemplo de espacio dentro del relato


Aquel valle tapizado con alfombras de pastizales verdes con argentadas colinas que dormitaban a lo lejos como dinosaurios gigantes acurrucados en hora de siesta. Mis ojos perdidos en la agreste selva virgen que despertaba mis oídos ante las sonoras carcajadas de lagartijas y las chicharras que desentonaban el coro...Jamás creí en brujas pero las imaginé observando celosas por descubrir su esplendido escondrijo. El olor del bosque serpenteado de verde paisaje, dibujaba sobre el escenario cuadrados de cultivo cual peinados de mujeres negras africanas. La espesura de la jungla empantanada y húmeda me invitaba a colgarme de las lianas que abrazadas a los arboles hacían su comunión. Muy cerca de allí divisé un árbol cargado de ciruelas rojas que salvaría por algunas horas el hambre que comenzaba a acosar a mis compañeros y a mí, no sin antes enfrentar a los zancudos que, al acecho, trataban de contarme al oído su más ambicioso afán de inyectarme la malaria que hacia su agosto por aquel paraíso inhóspito.

Tuesday, April 22, 2014

Cuentos de bar I



Andres Soler me invito ese día al bar. había un buen numero de chicas semejando mariposas en revuelo, la mayoría hermosas y yo con los ánimos colmados de emoción.

La dueña de aquel antro tenia cara de intelectual, sus lentes cuadrados escondían una mirada bella que me inquietaba descubrir. Nos sentamos en una mesa muy cerca a la barra en donde Isabel echaba números y tiraba bolígrafo. sus manos de pianista con movimientos prodigiosos me evocaban una época diferente. La imagine fuera de ese ambiente hostil y ruidoso conmigo bailando al compás de una música suave o elevando una copa con dos dedos apenas sujetando la base y los demás señalando la diestra con las uñas pintadas de rojo.  

Las mujeres provocativamente vestidas, con trajes sinuosos y risas picaras. Algo era diferente y tenía que ver con el estilo de putas que decoraban el lugar, en medio de colorines se veían con clase, ninguna se reía vulgar, ni las hostias repartidas hacían eco en el salón, al contrario de todo, la música suave, cuerpos perfectos insinuando apenas lo previsible y dejando mucho a la imaginación. El taconeo apenas sonoro de pasarela perfecta y mi maldito sexto sentido que todo lo comprendía. 

Era ella la culpable de mis pensares profundos y conjeturas obtusas. No entendía el porque ese ambiente me hacia sentir en confort como si adivinase el más mínimo detalle para ser agradable a mi vista que siempre buscaba más. Se sintió observada y me miro desafiante, subió sus lentes y como si nada volvió a dejarlos en su lugar, su mirada se perdió en la fila de números. Mi alma inquieta no podía dejar de mirarla...